Linfocitos: Tipos, funciones y enfermedades relacionadas

Linfocitos

Los linfocitos son conocidos como las células guardianas de la sangre, y desempeñan funciones primordiales relacionadas con la defensa frente a las enfermedades infecciosas que nos atacan. Se caracterizan porque poseen en su membrana celular una variada clase de receptores, directamente relacionados con su función en la respuesta inmunitaria, permitiéndole interactuar reconociendo las características de la superficie de una muy amplia diversidad de organismos patogénicos y células tumorales. Su capacidad de reconocimiento y reacción deriva de la combinación múltiple de diferentes segmentos de dichos receptores, que se agrupan de diferentes maneras durante su maduración.

Tipos de linfocitos y su función

Existen tres categorías de células linfocitarias, si bien son dos de ellas las que desarrollan la mayor parte de la defensa del sistema inmunitario y no hay diferencias físicas aparentes entre ninguna de las tres, diferenciándose únicamente según el tipo y diversidad de marcadores que poseen en la superficie de su membrana en su madurez, el momento y origen histológico donde se produce dicha maduración. Los linfocitos pueden diferenciarse en linfocitos T, linfocitos B y células nulas.

Linfocitos T

Los linfocitos T corresponden aproximadamente al 80% de la proporción total de linfocitos que discurren en el cuerpo por la sangre y el sistema linfático. Son células leucocitarias de amplio espectro de respuesta, cuya acción inmunitaria se lleva a cabo por reacciones de reconocimiento de proteínas de superficie (antígenos), para luego responder en defensa y generar memoria inmunológica, por lo que su acción es generalmente de contacto directo con otras células.

Se forman originalmente en la médula ósea, pero migran al timo para desarrollar allí su maduración. Se trata de células de función longeva, pues pueden mantenerse activas, circulando por el torrente sanguíneo durante varios años. Su acción inmunitaria se desarrolla de dos formas diferentes:

  • Pueden dirigir y modular la respuesta inmune al ser activados por el material antigénico de los patógenos que les presentan los macrófagos, por lo que secretan al medio linfocinas para poner en alerta de la infección a otras células a su alrededor.
  • Pueden destruir células infectadas directamente (dianocitos), a través de su acción de contacto directo.
Linfocitos

Se clasifican según el tipo de receptor que madura en la superficie de su membrana plasmática, en:

  • Linfocitos T γ/δ
  • Linfocitos T α/β, que se dividen a su vez según las labores que llevan a cabo en:
  • Cooperadores (helper) (CD4+): son los encargados de iniciar la cascada de la respuesta inmune, la cual una vez activada, se diferencia en distintas posibilidades, según el tipo de citoquina que secreten.
  • Los Th1, que se encargan de activar la respuesta de los macrófagos mediante la secreción de interferón. Son especialmente importantes en la contención del sistema inmune contra algunos de los mas importantes organismos patogénicos de acción intracelular de nuestros días, tal como el parásito causante de la tuberculosis.
  • Los Th2, que no tienen acción inmunitaria directa, sino se encargan de cooperar en la activación de los linfocitos B, los eosinófilos y los mastocitos, modulando sobre todo el control de la respuesta a las reacciones alérgicas, pero también la acción sobre ciertos parásitos.
  • Los Th17, que son linfocitos T mediadores de reacciones alérgicas, pero pueden también desencadenar respuestas autoinmunes relacionadas a patologías tales como el síndrome del intestino irritable, esclerosis múltiple y artritis reumatoide.
  • Citotóxicos (CD8+): se dedican a reconocer los antígenos de células infectadas y transformadas por microorganismos, segregando proteínas que inducen a la muerte celular programada (apoptosis) de la célula infectada.
  • Reguladores ( o también llamados supresores o Tregs)(CD4+ y CD25+): se dedican a suprimir la expresión de otras células del sistema inmunitario, contribuyendo a evitar la sobreexpresión del sistema que puede activar la respuesta autoinmune. Se originan de forma natural en el timo (nTregs), o bien, pueden ser inducidas en la periferia del sistema, o en cultivos celulares, por lo que reciben el nombre de Tregs adaptativas o Tregs inducidas.

Linfocitos B

Representan alrededor del 15% de los tipos linfocitarios que circulan en la sangre. A diferencia de los linfocitos T, actúan en la respuesta inmunitaria a organismos patógenos de replicación extracelular, como es el caso de muchas bacterias. No son células muy longevas; la mayor parte de ellos no supera varios meses de vida. Su principal función es la producción de anticuerpos específicos (gammaglobulinas) para neutralizar a los antígenos que producen los parásitos extracelulares. Una vez que los linfocitos B son estimulados ante la presencia del antígeno, la célula linfocitaria cambia de forma y estructura, preparándose para la próxima producción de anticuerpos. Se diferencian en dos tipos funcionales:

  • Linfocitos B-1, capaces de producir inmunoglobulina M de forma independiente, sin inducción de los linfocitos T. Se dividen a su vez en linfocitos B-1a y B-1b.
  • Linfocitos B-2, llamados también convencionales o foliculares.

Células nulas

Las células nulas, también son denominadas células NK, natural killers, o linfocito grande granuloso. Son la tercera población de linfocitos, encargados de una respuesta inmune no específica. Representan el 5% o menos de la población linfocitaria circulante. Su función es responder al ataque inmunitario inespecífico de primer momento, con ataque a células tumorales, induciendo su apoptosis, o también muerte de células infectadas por virus.

Enfermedades relacionadas con los linfocitos

Un recuento linfocitario anormalmente alto, o bajo, puede indicarnos la presencia de múltiples patologías relacionadas con los linfocitos, originadas por organismos patógenos, o por el malfuncionamiento de nuestro cuerpo. Veamos cuáles son algunas de las más importantes:

  1. Infecciones de tipo bacteriano, vírico, protozoos, helmintos, etc.
  2. Cáncer en la sangre o cáncer linfático (linfomas Hodgkin y No-Hodgkin).
  3. Leucemia linfocítica aguda y crónica.
  4. Linfocitopenia aguda y crónica (hereditaria o adquirida).
  5. Enfermedades inflamatorias autoinmunes (Síndrome del intestino irritable-enfermedad de Chron, esclerosis múltiple, artritis reumatoide, vasculitis, tiroiditis de Hashimoto, lupus eritematoso sistémico, miastenia gravis).
  6. Inmunodeficiencias hereditarias.
  7. Ataxia telangiectasia.
  8. VIH-SIDA.
  9. Mononucleosis e infección por citomegalovirus.
  10. Hepatitis A, B y C.
  11. Tuberculosis pulmonar y miliar.
  12. Sífilis.
  13. Tosferina.
  14. Paperas.
  15. Otras infecciones de origen viral.

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