La exposición prolongada al clorpirifós, un pesticida utilizado durante décadas en la agricultura, se asocia con un riesgo de desarrollar párkinson más de 2,5 veces superior al de las personas sin exposición registrada. Así lo revela una investigación de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), que también ha identificado posibles mecanismos responsables del daño cerebral.
El estudio analizó 829 personas con párkinson y 824 sin la enfermedad, combinando sus historiales de residencia y trabajo con registros de aplicación de pesticidas en California.
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El pesticida altera el funcionamiento de las neuronas
Para investigar sus efectos, los científicos expusieron ratones al clorpirifós durante once semanas.
Los animales desarrollaron problemas de movimiento y perdieron neuronas productoras de dopamina, las mismas células que degeneran en las personas con párkinson.
Los experimentos también detectaron inflamación cerebral y acumulación anormal de alfa-sinucleína, una proteína relacionada con la enfermedad.
Investigaciones adicionales con peces cebra revelaron que el pesticida interfiere en la autofagia, el mecanismo celular encargado de eliminar proteínas y componentes deteriorados.
Un pesticida prohibido en la Unión Europea desde 2020
El clorpirifós dejó de estar autorizado como sustancia activa en productos fitosanitarios en la Unión Europea en 2020, debido a preocupaciones sobre sus efectos para la salud.
Los resultados refuerzan la preocupación por las consecuencias de exposiciones ambientales anteriores, aunque la asociación observada en personas no demuestra por sí sola una relación causal.
Los investigadores consideran que restaurar los mecanismos de limpieza celular podría abrir nuevas vías terapéuticas. Sin embargo, todavía no existe un tratamiento demostrado en humanos derivado de este descubrimiento.
