Descubren una nueva especie de cocodrilo extinto en las mismas rocas de la Gran Esfinge de Guiza

Gran Esfinge de Guiza

Un fósil descubierto hace casi un siglo en Egipto acaba de revelar una sorpresa. Un equipo internacional de investigadores ha identificado una nueva especie de cocodrilo extinto, bautizada como Herugavialis cairensis, cuyos restos proceden de la misma formación rocosa utilizada miles de años después para esculpir la Gran Esfinge de Guiza.

El animal vivió hace unos 45 millones de años, cuando gran parte del norte de África estaba cubierta por mares poco profundos y el Mediterráneo albergaba una diversidad de cocodrilos muy superior a la actual. El fósil había sido clasificado durante décadas como perteneciente al género Tomistoma, pero nuevas técnicas de análisis han permitido demostrar que se trataba de una especie distinta.

Un fósil conocido desde 1927

El cráneo fue recuperado en la Formación Mokattam, cerca de El Cairo, y descrito científicamente en 1927. Durante casi un siglo se creyó que pertenecía a un falso gavial, un grupo del que hoy sobrevive una especie en el sudeste asiático.

La revisión del fósil con técnicas modernas, entre ellas la tomografía computarizada, permitió detectar diferencias anatómicas que habían pasado desapercibidas.

Entre ellas aparece una cresta elevada alrededor de los ojos y otras características del cráneo que no encajaban con el género al que se había asignado originalmente.

El resultado fue la creación de un nuevo género y la reclasificación del animal como Herugavialis cairensis.

La conexión con la Gran Esfinge

La relación con la Gran Esfinge es geológica, no histórica.

El fósil procede de la misma formación rocosa en la que, millones de años más tarde, se talló el célebre monumento egipcio. No existe, por tanto, ninguna conexión entre el animal y la construcción de la Esfinge más allá de compartir el mismo tipo de roca.

Sin embargo, los investigadores encontraron una coincidencia llamativa: al cráneo fósil también le falta la punta del hocico, del mismo modo que a la Esfinge le falta la nariz.

Esa coincidencia ayudó a inspirar el nombre elegido para la especie.

Por qué se llama Herugavialis cairensis

Los científicos decidieron bautizar al nuevo cocodrilo en referencia a Heru, el nombre egipcio del dios Horus.

Los investigadores relacionaron simbólicamente esta elección con la tradición religiosa asociada a la Esfinge y con la curiosa ausencia de la punta del hocico en el fósil.

El nombre completo, Herugavialis cairensis, combina esa referencia mitológica con su procedencia egipcia.

Era un gavial de hocico largo y estrecho

Los investigadores creen que Herugavialis pertenecía al grupo de los gaviales, reptiles emparentados con los cocodrilos y caracterizados por sus hocicos largos y delgados.

En la actualidad sobreviven solo dos especies de gaviales y ambas habitan en regiones del sur y sudeste de Asia.

En el pasado, sin embargo, su distribución fue mucho más amplia.

El registro fósil muestra que diferentes especies de gaviales vivieron en Europa, América, Asia y el norte de África, muchas de ellas adaptadas a ambientes marinos poco profundos.

Egipto estaba cubierto por aguas poco profundas

El paisaje de Egipto hace 45 millones de años era radicalmente distinto al actual.

Buena parte de la región estaba cubierta por aguas marinas poco profundas que formaban parte del antiguo océano de Tetis.

Herugavialis no era además el único cocodrilo presente en la zona. Los investigadores han identificado al menos otras dos especies de gaviales que convivieron en aquellos ecosistemas.

Durante buena parte de los últimos 50 millones de años, la región mediterránea llegó a albergar una notable diversidad de cocodrilos.

El clima cambió y los cocodrilos desaparecieron del Mediterráneo

Esa diversidad no fue permanente.

Los investigadores señalan que el número y distribución de estas especies fluctuaron con los cambios en la temperatura global y el nivel del mar.

Finalmente, los cocodrilos desaparecieron de la región mediterránea hace aproximadamente seis millones de años, coincidiendo con una importante fase de desecación del Mediterráneo.

El nuevo fósil ayuda ahora a reconstruir una parte de esa historia.

Un hallazgo que corrige un error de casi un siglo

El interés científico del descubrimiento va más allá de encontrar una especie nueva.

Durante cerca de cien años, el cráneo estuvo asignado a un grupo equivocado. Solo la combinación de nuevas técnicas de imagen y análisis evolutivos permitió revisar su posición dentro del árbol genealógico de los gaviales.

El caso muestra cómo los fósiles conservados durante décadas en colecciones científicas todavía pueden aportar información nueva cuando se estudian con herramientas que no existían en el momento de su descubrimiento.

La Gran Esfinge fue esculpida hace algo más de 4.000 años, pero las rocas de las que surgió guardaban una historia muchísimo más antigua. Dentro de esa misma formación geológica quedó conservado durante 45 millones de años el cráneo de un cocodrilo desconocido para la ciencia hasta ahora.

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