Viernes, 12 de marzo de 2010
Ciencias Naturales
Ciencias de la Vida
La clave del problema de la recuperación y conservación del urogallo cantábrico podría estar en no haber ligado hasta ahora el decaimiento de los pinares. Esta es la conclusión que se desprende de un estudio que el Journal of Biogeography publica en su último número. Los científicos piden medidas de conservación urgentes para la protección de los pinares naturales cantábricos.
Urogallo cantábrico (Tetrao urogallus cantabricus) en el Parque Natural de Redes (Asturias). Foto: Javier Robres.
Un equipo de investigadores de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) ha reconstruido los paisajes de la Cordillera Cantábrica para interpretar la situación actual de los bosques de pino silvestre (Pinus sylvestris) y su implicación en la supervivencia del urogallo cantábrico (Tetrao urogallus cantabricus), ave en peligro de extinción.
La investigación se realizó en Vega de Viejos, una zona a 1.300 metros de altitud donde hoy no quedan prácticamente pinos silvestres.
Según el trabajo, que aparece en el último número del Journal of Biogeography, los pinares de las zonas oceánicas de la Cordillera Cantábrica empezaron su decaimiento hace 10.000 años. Sin embargo, la primera evidencia del deterioro por la acción del ser humano (pastoreo, tala de árboles, agricultura) tiene 5.000 años. Desde entonces, la situación de los pinares ha empeorado, y con ellos, la del urogallo cantábrico.
Juan Manuel Rubiales, autor principal del estudio, confirma a SINC que el urogallo cantábrico, ave genéticamente original y emblemática de los bosques montanos, ha cambiado sus hábitos, “probablemente de manera forzosa”, para asegurar su persistencia.
Rubiales insiste en que la inestabilidad poblacional de estas aves “puede estar agravada por la ausencia de coníferas naturales en los ecosistemas mejor conservados de su hábitat” en la montaña cantábrica. En la mayor parte de su área de distribución europea, los urogallos se mantienen en invierno gracias a una alimentación basada en hojas y yemas de pinos.
Aunque los pinares montanos cantábricos de pinos silvestres estén protegidos por las leyes regionales, no lo están por la directiva europea Hábitats. Los científicos sugieren estrategias de conservación urgentes y que se incluyan en esta directiva “por sus implicaciones biogeográficas”.
---------------------------------------
Referencia bibliográfica:
Rubiales, Juan M.; García-Amorena, Ignacio; García Álvarez, Salvia; Gómez Manzaneque, Fernando. “The Late Holocene extinction of Pinus sylvestris in the western Cantabrian Range (Spain)” Journal of Biogeography 35(10): 1840-1850 OCT 2008.
--------------------------------------
Más información:
Imágenes en alta resolución:1, 2 y 3.
Fuente: SINC
Juanma Rubiales
19. noviembre 2008 14:32:23
Tras una lectura cuidadosa de nuestro artículo el lector detectará que se postula una hipótesis nueva, con datos que sí apoyan positivamente la relación entre urogallo y pino silvestre. Quizá lo llamativo del trabajo no esté tanto en la novedad de la información presentada como en la integración de diversos tipos de datos disponibles que apuntan hacia una misma dirección. Sin embargo, lo que no hemos sido capaces de encontrar en la dilatada literatura científica sobre el urogallo cantábrico es algún dato que desmienta nuestra teoría.
La montaña cantábrica es hoy un gran conjunto montañoso en el que existen muy pocos pinares naturales. Tan solo quedan unas cuantas reliquias, la más famosa la del pinar de Lillo, en la provincia de León. La novedad del trabajo que ahora publicamos fue el hallazgo de macrorrestos correspondientes a un bosque fósil de pino silvestre en la zona occidental de la cordillera, alejada de las ya conocidas, que desapareció hace tan solo dos milenios. En efecto, los primeros resultados palinológicos que demostraban la importancia de los paisajes pinariegos en la cordillera datan ya de hace más de cuarenta años (ver referencias en el texto). Pero a pesar de los numerosos yacimientos estudiados, la palinología poco informaba sobre las especies de pinos implicadas, la sedimentología no siempre aportaba cronologías precisas y era incapaz de informar con detalle sobre los lugares en los que había unas u otras formaciones forestales (el polen vuela). Los autores han extraído información de muchas localidades de la Cordillera, si bien sólo una es novedosa y la inmensa mayoría de las otras son resultado de las investigaciones del mismo equipo, llevadas a cabo, por cierto, también durante décadas. Aún así, diez años desde que se reivindicaron los pinares cantábricos como naturales tampoco resulta mucho tiempo en comparación con el lastre y prejuicios que se arrastran desde hace casi un siglo. El artículo habla de nuevas poblaciones holocenas de Pinus sylvestris donde ahora no las hay. Habla pues de un nuevo testimonio fósil de la presencia de este tipo de bosque hace muy poco tiempo, en la montaña cantábrica.
Ese nuevo dato se enmarca en un contexto regional en el que tampoco es un lugar común que algunos botánicos acepten estos pinares como naturales. Aprovechando ese contexto regional en el que los pinares son una reliquia del pasado se liga la presencia (¡¡¡no la subsistencia!!!) de otra reliquia, en este caso zoológica. Ese dato nuevo y esa contextualización regional sirven para llamar la atención sobre la coincidencia en el límite occidental extremo del urogallo con las poblaciones occidentales extremas de pino silvestre. Es posible que las poblaciones de pino escocesas estén aún más a occidente.... coincidiendo curiosamente con poblaciones de urogallo que se extinguieron en el siglo XVIII y que fueron reintroducidas un siglo después (Harvie-Brown, 1879). Por otro lado, los recientes e interesantes datos genéticos de pino y urogallo ponen de manifiesto que las poblaciones cantábricas son muy diferentes de las del resto de sus congéneres europeos, y apuntan no solo a la existencia de refugios para sendas especies en el área cantábrica sino también a un largo aislamiento poblacional.
Intuitivamente, lo más fácil es pensar que las cosas han sido siempre como son ahora o como han sido a lo largo de nuestras experiencias vitales. Pero quizá convenga también despojarse de prejuicios y mirar hacia atrás para intentar comprender los procesos desde una perspectiva temporal más amplia. En el caso de la cordillera Cantábrica, en el que la historia se va conociendo tan bien, merece la pena. Gracias a los numerosos datos paleobotánicos, sabemos que el paisaje en el que los urogallos vivieron durante los últimos diez mil años, estuvo salpicado de pinares. Y hasta hace alrededor de cuatro mil años, muy poco poblado de hayas (ver referencias en el texto).
El urogallo, fuera del área cantábrica, consume mayoritariamente hojas y yemas de coníferas durante la mayor parte del año. Y no solo a los ojos de los investigadores del norte de Europa, lo mismo ocurre en las poblaciones pirenaicas. Fueron precisamente investigadores de la universidad de Oviedo (Rodríguez & Obeso, 2000) los que demostraron que la dieta del urogallo cantábrico está fuera de esa generalidad, y se encuentra muy condicionada con las existencias a escala local. Los mismos investigadores sugirieron que la ausencia de coníferas podría ser un factor limitante para la supervivencia de la subespecie durante el invierno, el periodo más desfavorable.
La idea de ligar el habitat del urogallo a las coníferas, incluyendo aquí a los pinos montanos (Pinus sylvestris y Pinus uncinata) no es por tanto ni gratuita, ni exclusiva de investigadores noreuropeos. Precisamente, en las dos regiones en las que no se cumple esa regla general (la cantábrica y la del sur de los Urales) el urogallo se encuentra críticamente amenazado o lamentablemente ya se ha extinguido (ver Storch, 2007, Grouse: Status Survey and Conservation Action Plan, pag. 50, la misma referencia a la que aluden los replicantes).
Suponemos que todos estaremos de acuerdo en admitir que el conocimiento de la evolución a largo plazo del hábitat del urogallo es de vital importancia a la hora de proponer medidas de gestión y conservación, a las que se hoy se destinan una gran cantidad de recursos. Siempre se había dicho que en los ambientes montanos del NO de la península Ibérica, dominados hoy por matorrales y bosques de frondosas, el urogallo cantábrico había desarrollado adaptaciones únicas a un hábitat diferente, sin coníferas. ¿pero qué es lo que está detrás de esta rareza? ¿este urogallo tan especial despreció ancestralmente a las coníferas con las que convivía? ¿o no tuvo más remedio que aguantar sin ellas?
Lo potencialmente peligroso, especulativo y desinformador es contar solo una parte de la historia, o desacreditar a las demás sin argumentos. Nuestra intención no es hacer ver al emperador que no lleva traje encima. Se trata más bien de reunir opiniones respaldadas científicamente, para que entre todos, zoólogos, genéticos, geobotánicos, paleoecólogos y gestores sepamos evaluar, decidir, asesorar y adoptar las mejores estrategias de conservación. Los factores de amenaza clásicos (la degradación del hábitat, la fragmentación de poblaciones y la actuación humana) en absoluto pierden valor como tales. Nuestra idea quizá sume, ya que las propuestas y las soluciones no son excluyentes; las que proponemos nosotros, ni siquiera costosas, por lo que ¿por qué negar la oportunidad a la dinámica de la vegetación a largo plazo, como una pieza más del rompecabezas del decaimiento del urogallo en la cantábrica?
Juanma Rubiales
Fernando Gómez Manzaneque
Ignacio García-Amorena
Salvia García Álvarez
Universidad Politécnica de Madrid
Mario Quevedo
18. noviembre 2008 15:14:21
Hace más de una década, se publicaron los primeros estudios paleo-ecológicos que revelaron que los pinares de Pinus sylvestris ocuparon extensiones más amplias en la Cordillera Cantábrica antes del Holoceno. Estos mismos estudios, sugerían también que la influencia humana sobre la distribución de las especies arbóreas se remonta a 5.000 años atrás. Entre otros, podemos citar a García Antón y colaboradores (1997) Journal of Biogeography, Muñoz Sobrino y colaboradores (1997, 2001) Vegetation History and Archaeobotany. La información recién publicada por Rubiales y colaboradores en Journal of Biogeography parece incidir por tanto en cuestiones ya bien establecidas.
La principal novedad del trabajo, destacada en la reseña, parece residir en relacionar el actual declive de la población de urogallo de la Cordillera Cantábrica con la virtual ausencia de pinares en esta área. Esta novedad constituiría una contribución importante, de no ser porque los autores del artículo no aportan datos que apoyen dicha relación. Los autores han extraído sus conclusiones sobre la ecología y conservación de la actual población de urogallo a partir del análisis de macrofósiles de Pinus sylvestris, obtenidos en una única localidad de la Cordillera Cantábrica, ignorando la información disponible sobre los propios urogallos. El resultado son unas conclusiones meramente especulativas, y potencialmente peligrosas para la gestión del urogallo.
La tradicional dominancia de investigadores del norte de Europa extendió la idea de que los urogallos son aves boreales, adaptadas a comer acículas de coníferas. La reciente incorporación de análisis genéticos, cuyos resultados abarcan una escala temporal más amplia, ha permitido revisar afirmaciones de este tipo, mostrando que las zonas más meridionales de Europa constituyeron refugios durante los máximos glaciales (Hewitt 1999 Biological Journal of the Linnean Society). Los urogallos cantábricos podrían de hecho pertenecer a un linaje más antiguo que el de los boreales, y constituyen una Unidad Evolutiva Significativa (Rodríguez-Muñoz y colaboradores 2007 Conservation Genetics) sujeta a sus propios procesos adaptativos. Este linaje está presente además en otras poblaciones meridionales Europeas muy alejadas de España y del cinturón de bosques boreales, en países como Bulgaria, Grecia y Rumania.
Debemos ser especialmente cuidadosos al comparar la ecología del urogallo cantábrico con la de sus congéneres de otros territorios. Hasta el momento, una de las pocas características ecológicas comunes entre el urogallo cantábrico y los gallos boreales es la aparente dependencia del arándano Vaccinium myrtillus (Storch 2007 Grouse: Status Survey and Conservation Action Plan 2006-2010 IUCN), una especie que no está ligada a los bosques de coníferas. Los datos paleoecológicos indican que los urogallos cantábricos han convivido con robles, hayas y abedules, al menos durante todo el Holoceno (10.000 años). Demostrar la posible existencia de procesos adaptativos de los gallos cantábricos a los bosques caducifolios, y de los boreales a los de coníferas, es una tarea compleja que debería ser abordada desde una perspectiva científica, más allá de asunciones o especulaciones.
Por otra parte, hoy en día no disponemos de técnicas que permitan estudiar la dinámica de las poblaciones de urogallo Cantábrico durante los últimos 10.000 años. Del artículo de Rubiales y colaboradores se deriva que este declive comenzó hace miles de años, pero no aporta ningún dato que lo confirme. En realidad, todo lo que sabemos respecto a este declive, se basa en las evidencias acumuladas en las tres últimas décadas, publicadas en diferentes artículos científicos (Quevedo y colaboradores 2006 Wildlife Biology, Quevedo y colaboradores 2006 Biological Conservation, Storch y colaboradores 2006 Journal of Ornithology). Del contenido de esos estudios cabe destacar en este contexto: (1) no hay evidencias que indiquen que el urogallo depende de alguna especie arbórea en particular, sino de una estructura forestal adecuada y de suficiente disponibilidad de hábitat; (2) el hábitat forestal montano nativo de la Cordillera Cantábrica ha sido reducido por la actividad humana en un 78%, comprometiendo la conectividad dentro del hábitat del urogallo.
Las perspectivas de conservación del urogallo cantábrico son sombrías. Con los datos demográficos disponibles, la población tiene una viabilidad de menos de 30 años. Es comprensible que esto atraiga la atención de muchos investigadores interesados en desvelar las causas del proceso, pero no debemos olvidar que cualquier error o desinformación puede desenfocar las decisiones de los gestores. Estamos totalmente de acuerdo en la necesidad de conservar los escasos bosques autóctonos de Pinus sylvestris de la Cordillera Cantábrica, pero a la luz de la información disponible, esa necesidad no puede ser ligada en modo alguno a la conservación de los urogallos cantábricos.
Mario Quevedo, María José Bañuelos. Universidad de Oviedo
Rolando Rodríguez-Muñóz, Exeter University
Alberto Fernández-Gil, Estación Biológica de Doñana (CSIC)
Conectar o crear una cuenta de usuario para comentar.
ESPECULACIÓN Y CONOCIMIENTO CIENTÍFICO EN TORNO A LAS CAUSAS DEL DECLIVE DEL UROGALLO CANTÁBRICO
Rolando Rodríguez Muñoz
20. noviembre 2008 12:07:57